Patagonia Express de Luis Sepúlveda

Por: Beatrice D’amico
Fuente: Mundo Hispano

Patagonia Express escrito por Luis Sepúlveda tiene las caracteristicas formales de la escritura de viaje y las historias son presentadas como apuntes.
La novela está dividida en cuatro partes:

Apuntes de un viaje a ninguna parte

El autor en la primera parte cuenta algunas anécdotas de su infancia en Santiago de Chile y de su abuelo, andaluz y anarquista. El viaje a ninguna parte es una forma simbólica de llamar a las cárceles de Pinochet, donde sufrió el encierro y la tortura.

Apuntes de un viaje de ida

En esta parte Sepúlveda cuenta lo que ocurrió en un recorrido por varios países de América Latina, como Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Colombia. Un viaje que él hizo después de dejar la cárcel y antes de exiliarse en Europa.

Apuntes de un viaje de regreso

En esta parte el escritor cuenta cuando regresa a su país después de muchos años de exilio, buscando encontrar lo que había dejado ventiocho años antes. En particular el viaje de regreso se centra en la Patagonia chilena y argentina.

Apuntes de un viaje de llegada

El viaje a Martos, un pequeño pueblo andaluz en el que había nacido el abuelo de Sepúlveda y al que había prometido algun día de ir. En este pueblo el autor encuentra inesperadamente a un su tío, cuya existencia no conocía.
Hay también una introducción, titulada Apuntes sobre estos apuntes en el que el autor explica:
Lo he titulado Patagonia Express, como un homenaje a un ferrocarril que, aunque ya no existe, pues la poesía se declara poco rentable en nuestros días, continúa viajando en la memoria de los hombres y mujeres de la Patagonia. Les invito a acompañarme en un viaje sin itinerario fijo, juntos a todas estas personas estupenda che apresen con sus nombres , y de las que tanto aprendí y sigo aprendiendo.
Lago Leones
El viaje a ninguna parte es la parte que más me llamó la atención, en la que Sepúlveda explica que quien le otorgó el pasaje para viajar fue su abuelo y como la forma de ser de este influyó mucho en su vida. El abuelo lo ingresó en la ideología de izquierda cuando le entregó un libro famoso en aquellos tiempos:
Lo vi salir con un libro de formato pequeño. Me llamó a su lado, y mientras lo escuchaba leí el lomo del libro: Así se templó el acero. Nicolai Ostrowski.
– Bueno, mi niño. Este libro lo tienes que leer tú mismo, pero antes de entregártelo quiero de ti dos promesas.
– Las que quiera, Tata.
-Este libro será una invitación para un gran viaje. Prométeme que lo harás.
– Lo prometo. Pero, ¿a dónde viajaré, Tata?
– Posiblemente a ninguna parte, más te aseguro que vale la pena.
-¿Y la segunda promesa?
– Que un día irás a Martos.
-¿Martos? ¿Dónde queda Martos?
– Aquí -dijo golpeándose el pecho con una mano
.
Su abuelo le inculcó unas ideas que iban a marcar su destino durante toda su vida. Luego de esto, el camino de Sepúlveda no fue nada fácil.

“La lectura de Así se templó el acero, lectura por cierto lenta y llena de consultas, se encargó de conducirme por primera vez a la región donde los sueños se llaman ninguna parte”.
Pero el pasaje que su abuelo le entregó, era el pasaje hacia ninguna parte, pues todos sus amigos tendrían rumbo fijo en la vida, y Sepúlveda sólo tenía que aspirar a “no moverse de su puesto de combate”. Fue entonces, en este momento, en que la dictadura chilena le tocó de cerca. En 1973, el gobierno del presidente electo democráticamente por el pueblo chileno, Salvador Allende, fue sacado del poder de manera cruenta por quien todos conocen ya como uno de los dictadores más sangrientos que ha tenido América Latina: Augusto Pinochet.

Por fin, en junio de 1976, el autor sale de la prisión, y según sus palabras, esa era la fecha en que se había acabado el viaje “a ninguna parte”. Su tristeza fue saber que muchos de los compañeros que había conocido se quedaron dentro y fueron asesinados por los militares.
El libro comienza con el abuelo, y termina con el abuelo, porque al final Sepúlveda va a visitar el pueblo de su abuelo en España. En aquel momento sucedió como si el autor hubiera cumplido con una promesa religiosa que le había hecho a su abuelo. Fue emocionante el final. Creo que cuando su abuelo le dijo que buscara a Martos y que el lugar estaba en el corazón de él (o sea, del abuelo), era una encomienda que le estaba haciendo el abuelo de que algún día él tenía que visitar su país por él. Aquí entonces terminaba el viaje emprendido por Sepúlveda en el imaginario Patagonia Express.