La construcción de una Tercera Cultura en Aysén

Por: José Miguel Albornoz / Periodista
Correo-e: jmalbornoz@la-tijereta.org

“La región de Aysén entrecruza una variedad de influencias asociadas a su proceso de poblamiento y formación territorial, con hechos y realidades contemporáneas generadoras de nuevas dinámicas de cambio. Las primeras influencias de formación identitaria se dieron a través de las migraciones, los asentamientos y la apropiación local de las culturas de la Patagonia, Chiloé y el centro sur de Chile.
En la actualidad, estos pilares de la identidad regional se han venido combinando con la aparición de nuevas identidades urbanas, asociadas muchas de ellas a la población joven, a los movimientos ecologistas, así como también a pobladores más tradicionales, como los pescadores artesanales.
El territorio aislado y la lejanía, junto al clima duro son los trazos de dicho cuerpo-identidad que se autopercibe “dejado a su propio esfuerzo por el resto de Chile”. Esta identidad territorial se expresa claramente también cuando las gentes de Aysén, en todos los niveles discursivos propone un mapa mental donde el espacio al norte del territorio comienza en Puerto Montt y con ello construye un gran espacio territorial desde Chiloé continental hacia el sur (con un límite meridional ubicado en los campos de hielo sur) como propio: nuestro territorio distinto al mundo del norte. Dicho mapa se extiende para no pocos ayseninos hacia el este, incorporando no tanto el territorio físico del lado argentino, sino más bien la ocupación de dicho territorio por parte de parientes y amistades que de este modo establecen un espacio simbólico de extensión de la comunidad imaginada aysenina. Esta identidad territorial atraviesa a todas las clases sociales y grupos etáreos que a partir de ella toman posición como sujetos que habitan y comparten Patagonia Aysén”[1].
Para cada persona que llega desde otras regiones del país a vivir a Aysén, este sentido de identidad se hace sentir con fuerza por parte de los habitantes de la región, quienes a nivel discursivo hacen la diferencia entre los “patagones” y los “afuerinos”, lo que implica por parte del forastero comenzar un proceso de adaptabilidad, muy en la línea de los postulados de la investigadora de la Universidad de Oklahoma, Young Yun Kim (EE.UU.), quien señala que “el contacto de comunidades que han tenido una socialización primera en una cultura y después pasan a convivir con otra por un período prolongado”[2], necesariamente deben pasar por un proceso de adaptación a la vez que se deben analizar los factores socioculturales que influirán en la capacidad de encuentro de ambas culturas.
En el caso de quienes llegan a la región de Aysén, dicho proceso de adaptación pasa, en primera instancia, por aceptar y validar la diferencia de los usos y costumbres de la gente de Aysén. Un caso a modo de ejemplo, es la costumbre de tomar mate.

Parque Queulat

Para la gente de la Patagonia, el ofrecer un mate a alguien afuerino, es una clara señal de bienvenida y una forma de decirle que es aceptado, reforzando la tesis de Kim en que dicho proceso se realiza en y desde la comunicación, en un marco donde dicho proceso no puede evitarse si el encuentro está dado.
Para muchos de los que llegan a la región, este proceso tiene diferentes tipos de aceptación, por lo que muchos sólo se quedan en la primera etapa del proceso de adaptación, vale decir, en lo que la autora señala como la etapa de aculturización, en donde el forastero sólo acepta algunos elementos de la cultura aysenina, tales como el tomar mate y algunas palabras o dichos propios de la cultura gauchesca predominante en la región, sin llegar a sentirse totalmente identificados con su cultura.
Por otra parte están quienes logran involucrarse emocional y cognitivamente con la cultura de Aysén, generalmente motivados por ideas ecologistas o conservacionistas. Ejemplo de ellos son la gran cantidad de extranjeros y personas venidas de otras regiones, movidas por su lucha en contra de la construcción de mega represas. Muchos de ellos pasan del primer estadio a una segunda fase de asimilación. Un claro ejemplo de ello son los denominados “Jóvenes Tehuleches”, grupo de jóvenes, en su mayoría profesionales tanto patagones como afuerinos, que han logrado una identificación mayoritaria con elementos externos a su grupo, adoptando la forma de vestir y comunicarse de los patagones, además de defender conceptos como cultura local, biodiversidad y tradiciones propias de la región, pasando más allá de la postura antirepresas.
Y finalmente, en este proceso de Adaptación Transcultural, tenemos a un grupo no menor de profesionales y gente de campo, que no nació en estas tierras, pero que llegaron en la década del 40 o 50, y que con el paso del tiempo han logrado un total proceso de integración, reflejado que muchos de ellos en la actualidad, son parte importante de la sociedad local, con espacios en la toma de decisiones que afectan la vida socio-polñitica la región. Ejemplo de ello es la gran cantidad de secretarios regionales ministeriales, consejeros regionales, empresarios y representantes de la sociedad civil que actualmente son partícipes de la vida civil regional.

Es por lo anterior que podemos decir que en la actualidad la región de Aysén, podría estar en vías de construir una “Tercera Cultura”, ya que el proceso de desarrollo, tanto cultural como socio-político, se está cimentando en este cruce de culturas, impulsado por quienes han llegado desde otras tierras de la mano con los patagones.
Para la gente de Aysén el aporte realizado en pos del desarrollo por parte de los afuerinos es bien valorado y aceptado, pero no por eso han transado la defensa de su cultura, usos y costumbres. Por su parte, los afuerinos, han adoptado, en mayor y menor medida, la cultura de quienes los acogieron, logrando así lo que señala Fred Casmir[3] en su teoría de la “Tercera Cultura”:
“Por esto se recomendará como elemento central para dicha transformación cultural el que las identidades estén en condiciones para relativizar su pertenencia cultural con el fin de crear realidades basadas en la diversidad y la impredictibilidad de la conducta. Para ello, las características centrales de un sujeto co-constructor de una tercera cultura serán una flexibilidad cognitiva, sensibilidad cultural, tolerancia al cambio valórico, comprensión empática y creatividad”[4].

[1] MATICES DE UNA IDENTIDAD QUE ASOMA; Estudio Identidad Regional para potenciar el Desarrollo Endógeno de Aysén; Enero-agosto 2009; Gobierno Regional de Aysén: Jacqueline Cid (División de Planificación y Desarrollo), Zolka Moreno (División de Análisis y Control de Gestión). Ilpes-CEPAL: Ivan Silva Lira (Director de Desarrollo Regional y Local ILPES); Luis Mauricio Cuervo, Luis Lira, Carlos Sandoval, Alicia Williner y Luis Ritto Pérez (Funcionarios ILPES). Proyecto Identidad y Desarrollo Regional: Mauricio Osorio (Investigador principal), Camilo Villa (Consultor Internacional).
[2] GUDYKUNST, W., y Young Yun KIM, Communicating with strangers, an approach to intercultural communication, Nueva York, McGraw-Hill, 1997.
[3] CASMIR, Fred L. y ASUNCION-LANDE, Nobleza C. (1989): “Intercultural Communication Revisited: Conceptualization, Paradigm Building and Methodological Approaches” pp. 278-309 en Anderson, James A. (ed.): Communication Yearbook/12. London: Sage.
[4] COMUNICACIÓN INTERCULTURAL Y GESTIÓN PÚBLICA; Desafíos de la participación y gobernabilidad; universdad de Chile; Instituto de de la comunicación e imagen.